El buen tutor tiene la difícil tarea de entretener a los chicos el primer día de clase. Y la primera hora de clase del curso es muuuuuuuuuy larga.
Posibles ideas:
1. Entrar en clase muy despacio, mirarles bien uno a uno hasta que se sienten y se callen (suele tener un efecto cinematográfico curioso y el primer día de clase funciona, a partir del segundo día mirarles demasiado tiempo les da tiempo a pensar cosas malas)
2. Pasar lista despacio, intentando aprenderse algunos nombres.
3. Cordial acogida: "que en el fondo estabais ya aburridos de veranear...que no lo queríais decir pero deseabais que empezaran ya las clases..."
4. Miras el reloj y apenas han pasado siete minutos...ánimo, sólo quedan cuarenta y ocho...
5. Poner el horario en la pizarra. Se libera un poquito de tensión y hablan mientras sacan las agendas y algún boli. Empiezan los comentarios en voz alta. "El lunes a las 8:30 matemáticas... -buffffff -Luego ingléssss... -bufffffff -Luego..."
6. Les dices qué profe les da cada asignatura. Han pasado otros 13 minutos. Queda media hora.
7. Les explicas que te gustaría irles conociendo un poco: donde viven, qué les interesa, cómo les fue el curso pasado y que les vas a pasar una ficha para que rellenen. En la ficha además del nombre y la fecha de nacimiento les puedes preguntar por las notas del curso pasado, sus asignaturas preferidas, con las que no pueden, si tienen internet en la habitación, última peli que hayan visto, música favorita, aficiones, sugerencias...
8. Esto se puede llevar otros 15 minutos.
9 Los últimos 15 minutos se pueden utilizar para comentar algo del verano que se fue. A mí me gusta decirles donde he estado, y luego les pido que en la parte de atrás de la ficha me digan donde han estado ellos. También se puede hacer una elección provisional de delegado.
Este año comienzo mi decimoquinto curso como profe, y desde el primero hasta el último me ha tocado ser tutor. Realmente el último año no me ha tocado: ¡lo he pedido yo solito!
La tutoría, ese gran marrón, la oveja negra de los repartos horarios. Con este breve manual espero poner mi granito de arena para prestigiar algo tan desprestigiado (¡también económicamente!)
Cuando uno es nombrado tutor de un grupo se imagina rodeado de todo tipo de justificantes sin clasificar, resguardos de partes de amonestación, encuestas absurdas encargadas por no se sabe quien sobre técnicas de estudio. Y una agenda con montones de citas de padres y sobre todo madres (así es de momento) que vienen a que les escuches más que a escucharte. A disculparse y a disculparle. A decir "si eso ya lo hago y mira los resultados...". Y uno se imagina currando el último día antes de navidad y de semana santa y de verano, entregando los boletines de notas que te olvidaste firmar. Si además sabes que de cuando en cuando te requerirán en jefatura para contarte la última hazaña de alguno de tus tutorandos...y no solo de jefatura, raro será el día en el que no te asalte un compañero durante el desayuno para amargarte el zumo con el consabido estribillo "mira lo que han hecho tus chicos" (y lo dice así: TUS CHICOS). Y eso sin cobrar un duro de más y con un descuento de una hora de tu horario lectivo para poder ordenar papeles.
Y claro si uno se queda en eso...que es real como la vida misma, entonces la tutoría no pasa de ser "ese gran marrón"
Me parece que ser tutor se puede convertir en algo más.Y que sería una pena que todos esos fuegos artificiales hicieran pasar a un segundo plano la verdadera tarea del tutor. Ese profe cercano al que se le puede contar (porque le interesa) que este viernes bailamos en tres cantos, que voy a dejar el instituto porque yo no lo valgo, que me he comprado el taikonflighter III ¿lo conoces?...
...que mi abuela está ingresada desde el viernes y estoy que no vivo...
Y se alejan por el pasillo algo más tranquilos.
Sólo le has dicho: "no te preocupes, verás como sale todo bien".
Pero se lo ha dicho el tutor.
Al doblar la esquina del pasillo una cara se vuelve y te regala una sonrisa.
Desde el 1 de septiembre estamos en el tajo, pero el trabajo de estos días es tranquilito. Me recuerda al trabajo de oficina que alguna vez me ha tocado realizar. Eres dueño de tu tiempo, tomas el café sin mirar el reloj, te reúnes mucho y de cuando en cuando sale una idea feliz, llamadas telefónicas para poner las últimas piedras del proyecto que ganamos el curso pasado... Y llegas a casa cansado pero con la sensación de que es un ritmo soportable. Sobre todo, porque cuando empiezas a estar hasta el sombrero, te refugias en el ordenador y pin, pan, pin, pan, le das a la tecla hasta que llega el momento de irse a comer.
En menos de una semana empieza el festival: ¡vuelven los chicos!
Desde ese día ya no serás dueño de tu tiempo, y éste se dividirá en dos periodos: horas lectivas y horas complementarias.
Las horas lectivas son aquellas en las que estás dando clase, y que en la enseñanza pública no suelen superar las 18.
Las horas complementarias son las de atención a padres, preparación de prácticas, reuniones de departamento, guardias de patio, guardias de aula, guardias de biblioteca, etc, etc,
Las horas lectivas + las horas complementarias deben sumar 27 horas. Esto despierta el lógico recelo de aquellos que tienen jornadas laborales de 40 horas semanales.
Estos días de trabajo de oficina he llegado a una conclusión que pienso que es honrada. Me canso menos con 40 horas semanales a ritmo de oficina que con las 18 horas lectivas de clase con alumnos. Si alguien quiere hacer la comprobación empírica le cambio el puesto: tiza por ratón durante una semana y luego hablamos...
Que me canse más no implica que me guste menos. Disfruto de las clases mucho, como disfruto cuando subo en bici a la Morcuera sudando como un gorrino...aunque sea más cómodo estar sentadito en el sillón viendo el final de la vuelta.
A lo largo de los años he tenido ocasión de conocer muchos perfiles de profes, de todos se aprende algo, unas veces para imitarlo otras veces para evitarlo.
El profesor irónico es el que utiliza como principal arma la burla sutil y disimulada, es un hombre o una mujer inteligente, que aprovecha la superioridad intelectual para desarmar a los alumnos. No suele dejar indiferente; para algunos es un crack tipo Hristo Mejide (no sé cómo se escribe y paso de buscarlo en google), para otros es insufrible, pero le temen lo suficiente como para no romper el silencio y la tranquilidad que suele reinar en sus clases.
Estas son algunas de sus expresiones favoritas:
- Bonito peinado Lula...¿tu peluquero no se llamará Yoda por casualidad?
- ¡Qué cuadeeeerno más mooooooono! Mientras coge por una esquina de la espiral el cuaderno y lo balancea con los dedos en forma de pinza para que todo el mundo admire la portada de Hello Kitty.
- Llegas tarde Benito...¿ha vuelto a pincharse el metro?
- Rosanda, si te lo permite la sombra de ojos, ¿puedes seguir leyendo?
- Vosotros dos, cuando terminéis de declararos amor eterno, venís a hablar conmigo sobre vuestro recreo.
- Sssssshhh, ¿he notado una energía?...Manuel: ¿Se te ha encendido la neurona?
Con los compañeros no suele ser muy diferente, experto en el arte de motear (poner motes) se rodea de una cohorte de lacayos que ríe sus bufonadas.
Aunque hay que reconocer que en ocasiones tiene gracia...
En Junio terminé el curso con el siguiente balance de suspensos por asignatura:
Ciencias de la Naturaleza 2º ESO: 29% suspensos.
Ampliación de biología 4º ESO: 0% suspensos.
Biología y Geología 1º bachillerato: 13% suspensos.
Ciencias para el mundo contemporáneo: 6% suspensos.
Esto significa que de mis 145 alumnos 16 debían presentarse en septiembre a tratar de recuperar la asignatura. Y se han presentado 2: uno para aprobar y otro para dejar el examen en blanco.
Curioso balance que nos lleva a preguntarnos ¿qué pasa con el mes de septiembre? Porque muchos de los que no se han presentado prometían en junio que en septiembre lo aprobarían todo, y en algunos casos era bastante probable. Al final, lo de siempre: sólo aprueban aquellos que han tenido la suerte de tener unos padres amigos del esfuerzo. Unos padres que probablemente han renunciado a unas vacaciones mejores para que el tortolillo saque el curso.
Pero otros sólo preguntaron al chico antes de hacer las maletas para estar dos meses en la playa ¿has echado los libros?¿no? Y luego un día de mediados de agosto, en el chiringuito, ¿estarás estudiando?¿no? Y el 1 de septiembre ¿el examen era mañana?¿no?
Ojalá esos padres también aprendan la lección y no empiecen el nuevo curso diciendo ¿Tienes ya los libros en la mochila?¿no? Para volver a preguntar a los dos meses ¿Habrás hecho algún examen ya?¿no? Y en abril ¿Tendré que quedar un día con tu profesor?¿no?
A las 8 y media poner y cuidar el examen de recuperación.
Luego mucho muik, muik, qué tal el verano, muy corto (!!), dónde has estado, muik, muik...
Y varias horas de curro para rematar el proyecto de cajamadrid: conversaciones con mi jardinero (qué no me ha traído ni la tercera parte de especies autóctonas que le pedí), elaboración de los carteles explicativos, planificación de la senda botánica...
Y saludar a muchos, muchos alumnos que hacen un paréntesis en el veraneo para hacer los exámenes y poder seguir veraneando hasta el día 17 o 18 (creo)
Me parece que ahora sí que sí se acabaron las olas de Tarifa, los atardeceres de Bolonia, los glaciares de los Alpes, los desayunos con periódico, las escapadas a Pirineos, la sidra asturiana y el pulpo gallego.
Pero pronto llega el otoño...¡yupi!
Buena peli vimos ayer para celebrar el fin de fiesta: "Amar peligrosamente".
A las doce de la mañana habíamos quedado en Moncloa para escaparnos como en los viejos tiempos a trastear con montañas, cuevas y barrancos. Y puntual, como en los viejos tiempos, Jose y yo emprendimos rumbo al Pirineo. En unas horas tomábamos un café en el Portalet y mirábamos con el rabillo del ojo al cielo; las tormentas nos concedían una tregua.
Una hora más tarde montábamos la tienda cerca del refugio de Pombie. Sobre nosotros se proyecta la sombra del Midi, y se extiende hacia el valle del Brousset. Al fondo los picos de Arriel, el Pallás, el Balaitús...
A pesar de estar a 2031 metros de altitud la temperatura es agradable, y después de un sopistant y una ensaladita de pasta me meto en el saco y decido dormir fuera de la tienda. Las estrellas se ven nítidas, de vez en cuando alguna se descuelga del firmamento, deben ser lágrimas de san Lorenzo rezagadas.
A las cinco y media de la madrugada ya estamos desayunando y poco más tarde ascendemos en dirección al col de Peygeret. Pasamos junto al Lac de Pombie y otros dos pequeños ibones, que con la luz del amanecer tienen un brillo especial. El Pallás y el Balaitús se ven recortados al fondo.
Una hora más tarde, hacia las siete de la mañana alcanzamos el collado y vemos por primera vez la arista que nos debe conducir al Petit Pic. El camino va ligeramente a la izquierda de la arista, al principio por unas praderas hasta que alcanza los primeros bloques. Luego a seguir los hitos (cuando aparezcan) y a buscar el camino más evidente que no supere el III grado.
Nosotros fuimos por la vertiente E de la arista prácticamente todo el rato hasta que apareció la pared del Grand Pic y desde ahí un corredor, con algún paso delicado, nos dirigió hacia la cumbre. El corredor lo hicimos asegurados desde un par de reuniones equipadas con algún clavo y cintas viejas. Luego he leído que la parte final también se puede subir por una chimenea de unos 30 metros y III+. No sé, no la debimos ver y aparecimos más bien por la cara S del Petit Pic. Este es el ambiente de la arista:
Subiendo por la pradera con el Peygeret al fondo.
Pasando entre bloques con cuidadito.
El típico "patio"
La sombra del Midi se proyecta sobre Francia.
Las dos cimas separadas por el collado de La Fourche, viendo el Grand Pic no puedes evitar pensar "¿y por ahí queremos subir luego???
Una mirada atrás para ver el camino recorrido desde el collado.
Trepando hacia el corredor final.
En el corredor final.
El petit Pic es nuestro...¿qué hacemos ahora con esa mole?
Lo primero es descender hacia el collado de la Fourche por unas placas lisas que te dejan en una canal desde la que se puede montar un rapel. Nosotros llevábamos una cuerda de 40 metros y el rapel lo dividimos en dos tramos aprovechando una segunda instalación que encontramos sobre un resalte antes de la chimenea que te deja en la Fourche. La última parte se destrepa con cuidado porque hay numerosas piedras sueltas.
Habíamos leído que desde la Fourche hay que buscar la diagonal que te conduce a la placa blanca. Esa diagonal es más o menos evidente, lo que no está tan claro es como se puede cruzar una placa de aspecto jabonoso sin asegurar y con una caida nada pequeña por debajo (luego he sabido que en la placa hay un par de pitones). Así que nos decidimos por la vía directa por el espolón que nace en la Fourche y que tras un paso delicado llega a una primera reunión equipada con un clavo y un maillón. Luego una pequeña trepada te deja al pie de una de las grietas que surcan la gran pared noroeste. Esta grieta queda a la derecha de una grieta enorme muy fácil de localizar desde el petit pic, tiene unos 10 metros y está equipada hacia la mitad con un clavo. No es muy fácil y conviene hacerla sólo si se tiene asentado el 6a de escalada deportiva. Termina en una repisa donde montamos una reunión un poco precaria con unos fisureros. Desde ahí por la repisa en diagonal ascendente nos juntamos con la vía que sube desde las placas blancas y ya sólo queda subir por una canal fácil (II/III) hasta la cumbre buscando el camino más evidente.
En rojo la vía de las placas blancas (diagonal de derecha a izquierda) y una variante a su izquierda por la que vimos subir a tres chicos (la roca debe estar en muy mal estado y tiraron varias piedras). En amarillo el camino que tomamos nosotros y en verde los dos tramitos de escalada.
Chimeneas finales hacia la cumbre.
En la cumbre del Midi más contentos que unas pascuas.
El descenso lo hicimos por la vía normal.
Bonita vista del collado Souzon y el Pic Saoubiste.
El "equipo": Juego de fisureros y friends, cuerda de 40 metros, ocho, cintajos, alguna express...
Así dejamos los dos picos después de una 10 horas de andadura por sus rocas. Luego viajecito a Madrid donde me esperaba una sorpresa en forma de tarta.