La educación es muy importante (II)
O sea que como decíamos ayer...parece que la educación es importante, pero poco.
Sin embargo la mayoría de los padres se empeñan en que sus hijos realicen estudios de bachillerato aunque a muchos les vengan gigantes. Y no he conocido todavía al padre que no quiera que su hijo tenga el título de graduado en secundaria. El que ha tratado con padres sabe de qué hablo y habrá escuchado muchas veces frases del tipo "yo no pude estudiar, porque entonces no se podía" o "no sabe usted como me arrepiento de no haber terminado la EGB".
Con la crisis muchos se han estrellado con el insalvable obstáculo que supone a la hora de adquirir trabajo carecer de una determinada cualificación académica.
Conozco alumnos que han conseguido trabajo sin acabar la secundaria: en el negocio de su padre o en los supermercados principalmente, pero cada vez son menos, mientras que cada vez son más los que se empeñan en acabar la ESO como sea, y suplican plazas en grupos especiales de diversificación o de compensación educativa.
O sea que va a resultar que el rollo de aguantar horas y horas resolviendo absurdos ejercicios matemáticos, analizando enrevesadas oraciones gramaticales o tocando con la flauta canciones de otra época, sin que se produzca aparentemente ningún fruto, es importante hoy día para encontrar un trabajo.
Podríamos discutir si es el mejor sistema ese que oblliga a mantener a jóvenes de 16 años analizando oraciones gramaticales o tocando la flauta, pero de momento es lo que hay. Y tal y como están las cosas si yo tuviera 16 años también trataría de pasar por el aro, aunque preguntara en cada hora de clase el consabido estribillo de "y esto para qué me sirve".
Por otra parte, la permanencia dentro del sistema educativo tiene una importancia difícil de cuantificar en la sociabilización del individuo. Un día en la escuela prepara para la vida como pocas cosas: tienes que cumplir un horario, obedecer a un superior, respetar a unos compañeros, hacer cosas que te desagradan, integrarte en un grupo, hacer el ridículo, encajar malas noticias...
El problema es que los frutos que produce el sistema educativo no son tan evidentes. No tanto como cuando aterriza bien el avión en Mallorca o volvemos a tener funcionando la caldera gracias a las milagrosas manos de un técnico que abrió una válvula de seguridad (que cerramos por descuido) y es recompensado con 80 euros. Todos estamos dispuestos a pagar cientos de euros porque nuestro coche o nuestra boca vuelvan a ser los que eran, pero no conozco a nadie dispuesto a justificar en un profesor los astronómicos honorarios de un dentista, un piloto de líneas comerciales o de algunos técnicos.
Sin embargo decimos: la educación es muy importante, como por inercia, como quien dice: "¿qué tal las vacaciones? Muy bien ¿y las tuyas?"
Sin embargo: la educación es muy importante.