Puertos Míticos de Ávila 2011
Alguien que desayuna un domingo a las 5 y media de la mañana una barra de pan debe tener algún cable suelto que quizás se pueda arreglar con una sencilla actualización 40.0 padre de famillia. Sin embargo allí estaba yo, más feliz que una perdiz, dirigiéndome a Ávila a las 7 de la mañana para participar en la ciclomarcha de "Los Puertos Míticos de Ávila".
Ya en la salida la organización no paraba de repetir que aquello no era una marcha competitiva sino una marcha cicloturista. Da mucho miedo que se repita hasta la saciedad lo evidente. Y lo evidente es que en cuanto se da la salida 600 pares de piernas empiezan a moverse muy deprisa en dirección al puerto de la Paramera.
Mi pulsómetro es incapaz de bajar de las 170 pulsaciones, y esto no ha hecho más que empezar. ¡Quedan 175 km! Las pulsaciones continuarán en la frontera de la muerte hasta coronar el puerto. Piensas que en la bajada será distinto...pero en esta ciclomarcha no competitiva se baja muy deprisa y dando pedales. Miro a mis dos compañeros de fatigas que me deben ver aburrido con el "ritmillo" y me animan "si quieres tira". Esto en el argot ciclista se traduce en "no hace falta que te quedes presenciando como se nos salen los ojos de las cuencas y vete hacia delante, no nos esperes, déjanos morir". Por supuesto que no tiro porque lo que queda es mucho y muy desconocido y hemos venido a disfrutar.
Así poco a poco comienza la segunda subida de la jornada: el puerto de Serranillos. No es un puerto muy duro pero sí es muy largo. Vamos varios en grupete resoplando y sin hablar. Sigo sin comprender a qué viene tanta prisa (luego me he enterado de que los avituallamientos estuvieron escasos sobre todo para los que venían detrás, lo mismo se había corrido la voz y claro...) Después de más de una hora subiendo sin parar coronamos Serranillos, aunque empezamos a subir con sol ahora tenemos sobre nuestras cabezas una sospechosa panza de burra. Plátano, aquarius, agua, pis y otra vez a dar pedales en dirección a Pedro Bernardo.
El paisaje es espectacular. Los piornos en flor adornan las laderas de cumbre y en Gredos la primavera está en su mejor momento, nada extraño con todo lo que ha llovido.
Bajando nos vamos juntando un grupete. Todos andamos sobrados de miedo y si alguien, por error, se pone en cabeza no es relevado ni a tiros. En una de las ocasiones el que se ha puesto en cabeza por error soy yo. Estamos en el llano que llega hasta antes del pueblo de Gavilanes, donde comienza el ascenso al coloso de la jornada: el puerto de Mijares. Así que después de unos km levanto el pie, no vaya a ser que Mijares se haga todavía más largo. En seguida un grupete entiende el mensaje y pasan al relevo.
Pensamos en un tema amplio de conversación para afrontar los casi 20 km de puerto. El problema es que al ritmo que vamos las conversaciones funcionan a base de monosílabos y así no hay forma de resolver asuntos de estado. Uno de mis compis empieza a dar señales de ir seriamente tocado. Simultaneamente recibo un mensaje "estamos en urgencias" parece que un virus está haciendo de las suyas en el cuerpecito de la enana. Y después de valorar la situación y ver que a mis compis les va a costar bastante tiempo llegar a Ávila sigo sus consejor "si quieres tira".
Subo Mijares rapidillo adelantando a los que antes nos habían ido pasando. Deben pensar que no me he enterado de que la ciclomarcha es no competitiva, cuando en realidad soy un pobre padre ávido de noticias que en esta zona de Gredos la cobertura no me proporciona.
Durante la subida empiezan a caer las primeras gotas y lo que era un pequeño aguacero, se transforma en la cima del puerto en un tormentón de padre y muy señor mío. Menos mal que el casco amortigua algo la granizada. El descenso es penoso, una cortina de agua y granizo reduce la visibillidad considerablemente. La gravilla suelta en el asfalto y los regueros que recorren las cunetas llaman a la prudencia. Si a esto añadimos que los frenos con agua son menos frenos, y que las gafas de sol sin sol son menos gafas uno entiende que a veces sea preferible subir que bajar. Cuando los primeros temblores me recorren el cuerpo llego por fin a Burgohondo donde se encuentra el último avituallamiento de la jornada. Otro plátano y a por el último puerto: Navalmoral. Son 9 km que no tienen fuertes pendientes pero a estas alturas de la película todas las pendientes son fuertes. Subiendo alcanzo a dos ciclistas vascos con los que intercambio monosílabos durante unos km, pero el deber me llama y parto en solitario en dirección a las murallas.
Los últimos 20 km son de llano picando para abajo, ningún grupo por delante, ningún grupo por detrás...los lobos deben estar haciendo de las suyas. La marcha termina en el paseo del rastro después de superar un último tramo de adoquín cuesta arriba.
Poco más tarde consigo hablar por teléfono, la enana está mejor, busco farmacia de guardia y pienso en futuros retos. ¡Qué rápido se olvida todo lo sufrido encima de una bicicleta!
jesus dijo
que bueno crack!
7 Junio 2011 | 09:49 AM