Bachillerato
Cada año disfruto más dando clase. Este año me ha tocado dar más clases en bachillerato que en la ESO lo que conlleva algunas ventajas: menos problemas de disciplina, un temario más atractivo, alumnos más responsables... pero también algunos inconvenientes: mayor tiempo de preparación de las clases, alumnos más introvertidos, clases menos participativas.
Es curioso ver como cambian estos chicos. En 1º de ESO si explicas que en el grupo de los artrópodos se encuentran los arácnidos pronto saltará uno para contarte que este verano en la finca de su tío cazaron una araña con las patas muy largas y que la miraron con la lupa y bla bla bla. En 1º de bachillerato si preguntas ¿alguna vez habéis visto una araña? Te responderá tu eco araña-aña-aña-aña. Y luego el más sepulcral de los silencios.
Me da la sensación de que en la vida se suceden las siguientes etapas:
Infancia: Ni me planteo qué dirán.
Primera adolescencia: Me importa un pimiento el qué dirán.
Adolescencia tardía: Me aterra el qué dirán.
Juventud: Me aterra el qué dirán pero lo disimulo.
Madurez: Me importa el qué dirán.
Vejez: Ni me planteo qué dirán.
Para romper el hielo he estado contando a esos chicos de bachillerato, que se mueven en la adolescencia tardía, cómo capturé hace unos días, dos ejemplares bien hermosos de tarántula en el invernadero del instituto. De momento parece que se han adaptado bien a las condiciones del terrareo (las tarántulas claro) y pronto tendremos tarantulitas.