Reuniones
Desde tiempos inmemoriales padezco de reunioni-fobia. Reconozco que en ocasiones son inevitables (yo mismo convoqué ayer una con los que van al viaje de fin de curso de 4º) pero el caso es que el tema de las reuniones me supera.
Los profes nos solemos reunir por lo menos dos o tres veces por semana: reunión de departamento, reunión de tutores y comisión de coordinación pedagógica (esta se hace cada dos o tres semanas). Y una vez cada dos meses claustro, y en mi caso reunión del consejo escolar.
A esto hay que añadir las reuniones de juntas de evaluación trimestrales, la de evaluación inicial y la reunión de padres (que en los institutos se suele hacer sólo a principio de curso)
Me gusta hacer números: calculo que al año tendremos entre 70 y 80 reuniones, con una duración media de 50 minutos para las reuniones semanales y dos horas (o tres) claustros y consejos dan un total de unas 6 ó 7 jornadas lectivas (de 8 horas cada una) reunidos.
Y siempre me asalta la misma duda: ¿Por qué tardamos tanto tiempo en decir tan pocas cosas?
Uno habla y los demás asienten al principio pero terminan haciendo todo tipo de dibujos y figuras geométricas en cualquier trozo de papel a partir de la media hora.
Y el caso es que a nadie le gustan las reuniones, que todos las consideramos una pérdida de tiempo. He llegado a la conclusión de que parte del tiempo que se pierde se debe a nuestra incontinencia verbal, y a un impulso irrefrenable de manifestar nuestra opinión aunque no lo exijan las circunstancias y sea una opinión irrelevante.
Se hacen fotocopias de un programa de actividades, alguien plantea si era necesario hacerlas y unos minutos más tarde hablamos del cambio climático.
Se comentan los resultados de la evaluación, alguien plantea que no son muy positivos y unos minutos más tarde pasamos dos horas hablando del estado de la nación finlandesa en materia de educación.
Se habla del alto grado de absentismo en bachillerato, alguien plantea que es un poco elevado y unos minutos más tarde pasamos a hablar de la vergüenza que supone que solo haya dos conserjes en un instituto de 800 alumnos.
Y no es que uno piense que no sea importante el cambio climático, la educación en Finlandia o un mayor gasto en educación. El problema es que una vez que todo el mundo se ha desahogado se levanta la sesión, sin llegar a ningún acuerdo por supuesto, y los más entusiastas continúan arreglando el estado de la nación entre jarras de cerveza y bocanadas de humo.
Antes me indignaba mucho...ahora dibujo muy bien...