Y dejaron de preguntar
Uno de los problemas que tenemos los profes de biología en las prácticas de laboratorio es la falta de autonomía de nuestros alumnos.
El problema viene de lejos y no me cuesta recordar como, hace años, después de que un profesor pasara un buen rato explicando cómo se hacía la práctica, a la voz de "pónganse a trabajar ya" despertabas y mirabas a diestro y siniestro esperando encontrar alguna pista sobre lo que había que hacer ya. Y estoy hablando de cuarto y quinto de carrera.
La diferencia es que uno en cuarto de carretera por aquello de conservar la dignidad no se levanta en medio del laboratorio y pregunta a voces al profe si tiene que echar el colorante sobre la cebolla o si es la cebolla la que tiene que echarse sobre el colorante.
Últimamente he hecho dos importantes logros en las prácticas. Después de década y media de profesión he conseguido que todos los días se sienten en el mismo sitio del laboratorio, y para lo anárquico que es uno en esto de los sitios el asunto tiene su mérito. Era tan sencillo como hacer una buena distribución de sitios el primer día, ¡¡apuntarla!!, y comprobar que se cumple.
El segundo logro ha sido que realicen la práctica de laboratorio sin preguntar cada 15 segundos "¿y ahora qué hago?". Pongo un cuadrante en la pizarra con los grupos, en cada cuadrante un 10, y cada vez que me preguntan algo que viene en el guión o mean fuera del tiesto (distracciones, chicle, mangar el azul de metileno al de al lado, observar una preparación sin el cubre...) le bajo un punto a ese grupo. Y oye, mano de santo.