Mini manual de supervivencia para el profe novato (III)
El buen profe tiene mucho de actor...y quizás bastante de payaso. Lo segundo va en los genes y si tu ADN dice que tú payaso no, lo mejor es no empeñarse. Pero a actuar se aprende, vaya que si se aprende. Y parte del éxito de la actuación va en eso que suele denominarse "expresión oral". Así que ahí van algunos truquillos por si ayudan a alguien:
1º "¿Puedes hablar más alto?" Suele interpelar el alumno que hacía cinco segundos exploraba en el ombligo de su compañero en busca de cosquillas. Y está claro que si a uno no se le oye lo lleva claro. Hay cursos especializados en aprender a utilizar la voz, y no está de más hacer alguno, no en vano será nuestra herramienta de trabajo durante unos cuantos añitos. Pero parte del problema radica en que al profesor no se le oye porque el silencio no existe, y entonces se va acostumbrando a hablar un poquito por encima del par de petardos que cuchichean en la segunda fila...eso genera un mecanismo feed-back positivo fácil de entender. Si el profe habla la segunda fila se calla, y si no se calla interrumpe (es una de las tareas más agotadoras del curso os lo puedo garantizar, poner una sonrisa de oreja a oreja y decir cienes y cienes de veces durante el curso: "-por favor fulgencio, ¿dejáis esa conversación tan interesante para el recreo?")
2º Las pizarras no oyen. Muchas veces inconscientemente continuamos hablando mientras escribimos en la pizarra, y lo que percibe el alumno a partir de la tercera fila es un murmullo indescifrable.
3º Hay que mirar a los interlocutores, y no sólo a aquel que asiente compulsivamente cada frase que decimos. Pasear la vista por la clase fijando la mirada en cada uno. Solemos tener tendencia a mirar más al grupito que atiende (lógicamente) y abstraernos del grupito que duerme...pero el esfuerzo por mirar a todos merece la pena.
4º Moverse. Teníamos un profesor en segundo de carrera que se ganó a pulso el mote del "péndulo". Se hacían apuestas para ver cuántas veces cruzaba el aula de lado a lado durante la hora de clase. Tan malo es pasar la hora quieto, sentado en la silla o en la mesa, que no dejar de moverse ni un minuto, o tener la manía del pasito pa lante...y el pasito pa tras. Dar unos pasos para señalar algo en la pizarra, volver hacia la mesa, dirigirse a un extremo de la clase y luego al otro, también son muy útiles los paseos entre mesas durante la explicación, y sentarse en la silla del profe a trabajar durante el tiempo en el que ellos hacen actividades.
5º Solemos hablar más rápido de lo necesario, serán los nervios, las ganas de terminar la explicación, el miedo al silencio, o lo que sea, pero hay que hacer el esfuerzo de pronunciar bien y utilizar un ritmo pausado. Es frecuente que al hablar rápido el contenido que se transmite esté más desorganizado y sea necesario buscar nuevas palabras para expresar la misma idea: "o sea que un montón de..., es decir un grupo de..., o sea que un conjunto de..., es decir como una multitud..., o sea...".
6º Los silencios del profe son buenos. Sobre todo al principio uno tiene mucho miedo a quedarse callado. Como si en aquel momento los alumnos pudieran desenterrar el hacha de guerra y comenzar a bailar la danza de la lluvia en torno a nosotros. Y se enlaza una frase con otra abusando del "eeeeeeeehhhh" o atropellando las palabras. Lo normal es que esos silencios den pie a que algunos alumnos comenten algo en voz más o menos baja, eso no es el fin del mundo, me atrevería a decir que es algo necesario para que alguno no explote, y normalmente cuando la explicación se reanuda vuelven a atender. Si dejamos de explicar para buscar una actividad en el libro y pasan dos minutos sin que nadie abra la boca pueden haber pasado dos cosas: está dormida hasta la papelera...o damos miedo, mucho miedo, a nuestro auditorio.

mujer irónica, a veces dijo
Te leo amenudo. ¿O es a menudo? Tremenda duda... ¿Me la despeja, profesor?
Como te decía te leo, aunque nunca me pronuncié pero hoy quiero decirte que ser profesor tiene mucho mérito hoy en día, con la falta de autoridad que teneis, gracias a políticas del "no miedo" hacia los niños, que algunos son más terroristas que el propio Ben Laden.
No soy profesora, pero tengo un niño de cuatro años y las mamás tenemos mucho de maestras, así que tus explicaciones, aunque no me sirven para dar clases, sí ayudan a mi "docencia" para con mi hijo.
Saludos, maestro.
15 Septiembre 2008 | 10:33 AM