Tuko
Hace años tuve la ocasión de ser tutor del mismo grupo durante tres cursos seguidos, de 1º a 3º de ESO, al cabo de los cuales éramos casi como de la familia.
La labor del tutor tiene mucho de "marrón", mucho de recoger y entregar todo tipo de papelotes, llevar control de faltas, llamaditas por aquí y por allá, cuestionarios de las más diversas índoles...y en medio de ese papeleo procuras no olvidarte de la persona que existe detrás de un número de expediente. Para ello dedicas un tiempo de la hora de tutoría en hablar con cada una y con cada uno, de lo que ellos quieran: las notas, las notitas, las movidas y las moviditas.
A casi todos les hace ilusión que el tutor les tenga en cuenta y hablan por los codos, podrían escribirse libros sobre su maravilloso universo. A casi todos menos a Tuko.
Tuko se parapetaba detrás de unos ojos muy negros. Hablábamos de cuando en cuando durante 1º y 2º de ESO, Tuko hablaba poco y miraba al suelo, yo me limitaba a darle los consabidos consejos de abuelo cebolleta sobre la importancia de tener los deberes y cuadernos al día, y con suerte alguna vez conseguí arrancarle una sonrisa con comentarios tontos. De lo poco que salió de esas conversaciones deduje que no tenía hermanos y que vivía él solo con su madre.
Lo que cuento ocurrió en tercero de ESO...
Las notas de Tuko que no habían sido malas en primero y segundo, empezaron a caer en picado a mediados de tercero. Su comportamiento, que tampoco había sido malo, fue decayendo al mismo ritmo que las notas, y un día le encontré fuera de clase vagando por un pasillo...alguien se había cansado de aguantarle.
-"¿Todo bien?"
Sin mediar palabra aquellos ojos negro azabache se llenaron de lágrimas y entre suspiros pasó a relatar una historia de padres drogadictos, con un padre que había muerto de SIDA siete años atrás y una madre que, enferma como el padre, luchaba con la enfermedad mientras limpiaba casas y ejercía de camarera por las tardes.
-"Cuando se muera mi madre me quedaré solo ¿entiendes?...¡Todo es una mierda!" -sentenció por fin...
Muchas otras veces la vida me ha dejado sin palabras, pero de aquella guardo un recuerdo muy fresco. Como pude le dije que ya hablaríamos y nos despedimos.
Y unos días más tarde, algo más serenos, hablamos...de que él, más que otros, tenía que acabar los estudios y buscar un buen trabajo para sostener a su madre, y para sostenerse a sí mismo, y que con lo buena persona que era se iba a llenar de amigos...y no sé cuántas cosas más mientras por dentro pensaba "¿y quién soy yo para decir nada...si no tengo ni idea de lo que es la vida?"
Cambié de centro y perdí la pista deTuko, un tiempo más tarde pregunté por él y alguien me dijo que tenía el título de secundaria en el bolsillo y que se había embarcado en el bachillerato...
Hoy no sé muy bien por qué recordé esta historia y se me ocurrió darle las gracias a Tuko desde aquí...aquellos ojos negros de color azabache me enseñaron que no existe el "¡¡no puedo!!"

Diana dijo
Es una suerte. El último alumno que tuve con un perfil familiar similar (y muy inteligente) me juraba y perjuraba que haría Bachillerato y, sin embargo, según supe hace unas semanas ha acabado dejando los estudios y vendiendo droga por el barrio con un coche bakalaero. Es motivador ver que hay gente capaz de superarse y salir de ese mundo. Ojalá podamos aportar nuestro granito de arena para que al menos sean unos pocos más los que lo logren. Un saludo.
15 Mayo 2008 | 10:55