Los pinceles de la paciencia
Sucede con frecuencia que entre aquellos profesores que piensan que son poco capaces para la enseñanza, por ser demasiado blandos, se encuentran verdaderas obras de arte de la enseñanza. Me lo contó uno de esos profes y así lo cuento.
La clase transcurría entre porfavores y súplicas de silencio que se perdían en el barullo de una clase de 2º de ESO no muy dispuesta a gozar del hermoso oficio de aprender. El profesor es tenaz y no ser rinde fácilmente. Como buen artista que es, va emborronando el lienzo una y otra vez: unas pinceladas de “a ver si se motivan con esta actividad” por aquí, otras de “ejemplo práctico” por allá, y otra más en forma de “si no os calláis ya pronto haremos un examen de los difíciles”.
Y se fueron los minutos sin que se callaran.
Un gran desasosiego invade al artista, y la certeza de haber perdido el tiempo, de que esa clase ha sido como un cero a la izquierda. Para colmo, se había tomado la molestia de preparar y fotocopiarles una actividad y trata, en un último y desesperado intento, de tocarles la fibra sensible.
-“Mirad, anoche estuve preparando esta actividad para que la pudierais hacer en casa, me llevo bastante tiempo buscar el texto, las imágenes y hacer las fotocopias, pero ante esta actitud que tenéis he decidido no entregárosla”
Todos miran en un amago de silencio, el primero desde que empezó la clase, parece que la reprimenda está causando efecto y que un asomo de vergüenza y pena asoma entre los polluelos...pero siempre hay un gracioso que rompe el clima de las historias de miedo, se carga un chiste o se encarga de que una situación emotiva sea ridiculizada y se convierta en esperpento. El gracioso rompe el silencio:
-“Pues mejor...así no hacemos nada en casa”
Los más débiles ríen la gracia. El profesor se rinde definitivamente con el sonido del timbre y abandona el aula apesadumbrado.
Pero después del recreo aparece Luis por la sala de profesores diciendo que él sí que quiere hacer la actividad y que si le puede dar una fotocopia. Y al rato vienen Gema, Rober y Nacho. Y más tarde Nuria y Alicia. Y por fin Sergio, con su aspecto desgarbado aparece en representación de la clase y pide una fotocopia para cada uno, porque todos quieren hacer esa actividad en casa.
De forma inesperada el artista ha sacado del cuadro los mejores colores, esos que tantas veces se esconden detrás de una aparente frialdad adolescente y que sólo es posible encontrarlos con el pincel de la paciencia.
Ana dijo
Me encanta la sensibilidad que desprenden tus relatos, la ternura que todos tienen como fondo. ¡Dan ganas de ser profesor!
16 Octubre 2007 | 02:33 PM