De ataques de risa
Ayer me encontraba en el pasillo que está enfrente de jefatura hablando con el director sobre una actividad que estoy organizando para 2º ESO (3 días en un albergue de la sierra...¡¡qué locura!!), de repente el pasillo se inundó con una sonora carcajada, una risa absolutamente contagiosa e irreprimible que procedía de jefatura de estudios.
Fuimos hasta allí y nos encontramos con Paloma (la jefa de estudios adjunta) doblada y llorando de risa. En el otro lado de la mesa se encontraba un alumno bastante divertido de 2º ESO. Ni que decir tiene que, contagiados del jolgorio, empezamos a llorar todos, y no fue fácil parar...imaginaros la cara de perplejidad del alumno.
Entrecortadamente Paloma consiguió explicar los motivos de su hilaridad. El chico había comentado, mientras enseñaba un parte de incidencias que le habían puesto en no sé qué asignatura, que ya quedaba menos para Navidad, Paloma contestó que también quedaba menos para su jubilación (ronda los 40 añitos) y el chaval con cara de asombro exclamó: "¡hala! ¿ya tienes 64 años?".
Y la verdad es que el hecho en sí no era tan divertido, pero trabajar con gente como Paloma tiene esas cosas.
Reconozco que en alguna ocasión me ha entrado la risa floja en clase...te sientes ridículo, los alumnos te miran como a un marciano, y si no consigues parar a tiempo acabas convirtiendo la clase en una especie de circo donde nadie puede parar de reir.
Por eso entiendo tan bien los ataques de risa que de vez en cuando sufren estas pequeñas criaturas (el hipo suele tener la culpa el 90% de las veces) . En esos momentos no merece la pena estrellarse contra un muro amenazándoles con no se cuantas crueldades si no dejan de reirse inmediatamente. Es mejor mirar para otro lado y esperar a que se les pase.
Ese saber esperar puede ser otro de los principios de autoridad (ya sólo me quedan otros 9 :-)
Vuelve a ser viernes (¿ya?). Feliz fin de semana a todos/as.
patricia dijo
Gracias!!! ;-))
24 Noviembre 2006 | 12:13 PM