Principios de autoridad
Ayer fue un programa de radio el que abordó el tema de la autoridad. Me sigue sorprendiendo la facilidad que tenemos los hispanos para opinar de todo lo que se nos cruce por medio tengamos mucha idea, poca idea o ninguna idea. El caso es que de la función del docente todo el mundo sabe y todo el mundo da las claves (¡cómo no nos habíamos dado cuenta antes!) de lo que hay que hacer para ser respetado en un aula.
A más de uno me gustaría ver lidiando a estas fierecillas...sobre todo al que decía que los chavales de ahora no son como los de antes y que hay que adaptarse y usar las nuevas tecnologías y patatín y patatán... (y a ese me lo imagino en el aula de informática con veinte adolescentes bien hormonados echando carreras en las sillitas de ruedas -¿a qué eminencia se le ocurrió poner sillas con ruedas en el aula de informática?-, jugando a hacer puntería con las bolas del ratón o dando golpes a la pantalla mientras vocean: "profe!!!! questo no arranca!!!!")
Escribo hoy algunas ideas que pueden ayudar a mantener eso que llaman autoridad. Espero que le sirvan a alguien.
1. Sonreir a los alumnos (a los buenos y a los menos buenos) en el pasillo por la mañana y darles los buenos días.
2. Abrir la puerta de la clase en el recreo al despistado que siempre se olvida el bocadillo o el abrigo.
3. Tener una lista con los cumpleaños de tus alumnos y felicitarles -discretamente- el día de su onomástica.
4. Preguntar ¿qué tal estás? al que ha faltado tres días a clase antes de pedirle el consabido justificante.
5. Llamar a los alumnos por su nombre de pila.
6. No dejar nunca a nadie en ridículo delante del resto de la clase...es tentador a veces: "¿qué haces fulanito?...¡nada profe!...no si ya veo que no haces nada...¿puedes utilizar la neurona que todavía no se te ha muerto para hacer algo?"
7. Huir del clásico: "¡sois un absoluto desastre!" con toda su retahíla de "a este paso no vais a ser nada en la vida", "siempre estáis igual", "de verdad no sé a qué aspiráis". El mal comportamiento de un solo alumno es suficiente para que dé la impresión de que todo va mal.
8. Si entras en clase y vuelan mesas y libros tómatelo con calma. Alcanza -con cuidado- la mesa del profesor. Mírales en silencio con tono severo pero sin odio. Puedes escribir en la pizarra algo parecido a: "tenéis un minuto para tranquilizaros". Haz teatro, mira el reloj, no les mires a ellos. Y cuando se calmen...si es la primera vez explicarles que es preferible que también sea la última vez, si son reincidentes no queda otra que el castigo: recreo, séptima hora, biblioteca... Todo sin irritación como una situación indeseable pero previsible y lógica.
9. Hay alumnos muy díscolos, buscan el enfrentamiento y son provocativos. Cambiarán de punto de vista cuando se den cuenta de que no les odias, si no entras en su juego, si hablas con ellos fuera de clase y les explicas las cosas sin ser borde (pero tampoco en plan "enrolladete"). Es bueno ponerse en su lugar y ver el mundo con sus ojos (situación familiar, ambiente del barrio en el que malviven, futuro profesional...)
10. No se puede lograr lo imposible: tener seis horas al día a treinta adolescentes en completo silencio y siguiendo atentamente la interesantísima explicación del maestro. Preparar bien las clases es fundamental: diez minutos de explicación, cinco minutos para hacer una actividad (se admite cierto murmullo), cinco minutos corrigiendo en clase, otro rato de explicación... "Si yo explico nadie interrumpe, si alguien tiene que preguntar algo levanta la mano" (y esto es como un mantra que se repite decenas de veces cada día)
Pongo diez puntos y supongo que podría poner otros diez. Con todo esto uno llega a la conclusión de que no existen normas infalibles. Lo que un día funciona otro día fracasa, quizás sea parte del encanto de este trabajo (que es de todo menos monótono).
Que nadie se desanime, todos hemos abandonado el instituto muchas veces arrastrando los pies, pensando que la tarea es inútil, que la disciplina es una quimera, y que debería pensar seriamente en presentarme a las oposiciones de jardinero municipal.
Recuerdo el día en que reprendía, con cierto acaloramiento, el comportamiento de uno de mis alumnos...me encontraba ciertamente enfadado. Justo al terminar de reprocharle su actitud me preguntó con ingenuidad: "¿me dejas ir al servicio?". Y doy fe de que no lo hacía para irritar mis fosas nasales... (por cierto, creo que le dejé...)
Despistada dijo
jajaja... lo del mantra me hizo reír. Supongo que debe ser difícil... recuerdo mis días de colegio y los que peor lo pasaban eran los novatos y los profes sustitutos. (que solían ser los mismos)
21 Noviembre 2006 | 01:45 PM