Hay días en los que te reconcilias con el mundo
Vivir en la sierra tiene innumerables ventajas y un inconveniente: ¡Bajar a Madrid!. Por mucho que te mentalices durante días y repitas interiormente con fuerza aquello de que "el atasco no es el final, el atasco no es el final, el atasco no es el final..." cuando se encienden los "warning" del coche que te precede delatando la inminente retención aprietas los dientes, pisas el freno y musitas aquello de "pero qué (...) se me ha perdido a mí en Madrid". Y parece que el atasco sí es el principio del final de una cierta alegría.
Encima uno va perdiendo práctica y picardía, se mete en el carril más lento y descubre con horror diez minutos más tarde que ese carril es para entrar en el centro comercial, o en la M-40, o en la M-50, o en la M...errda, se te cuelan coches traviesos, te deslumbran con los faros porque vas pisando huevos, se te echan encima sin avisar con el intermitente. Y claro, no es de extrañar que el estrés que no produce la enseñanza lo produzca en esa hora y media el gentío que entra y sale de la ciudad.
Vuelvo al sosiego de mi aula de 3ºESO donde todo es bullicio alegre adolescéntico, cuando calman su incontenible entusiasmo les introduzco en las maravillas de la asignatura de biologia de ese año centrada especialmente en el estudio del cuerpo humano. Y con aire solemne sentencio ante las pobres criaturitas que recién estrenan sus catorce añitos (aunque hay algún bichaco de 17):
-"Estoy seguro de que entre nosotros hay alguna futura médico, enfermeros y enfermeras, farmaceúticos, fisioterapeutas...conductores de ambulancia..."
Sonríen y les cuento algo que me ha conmovido...
En el XV aniversario del SAMUR se celebró un encuentro entre algunos de los que fueron salvados después de sufrir graves accidentes, con los salvadores. Allí estaba la chica que perdió una pierna porque un desgraciado la empujó al andén. La chica sonríe radiante y sólo tiene palabras de agradecimiento para los sanitarios. Relata con emoción que lo primero que recuerda cuando abrió los ojos y se vio tendida entre las vías del tren, fue un médico que se encontraba a su lado. El médico le dio un beso y dijo: "No te preocupes ya estamos aquí y vamos a ayudarte".
Y te reconcilias con el mundo porque vuelves a encontrar gente que vive su trabajo cotidiano con una humanidad apabullante, gente que no se acostumbra a la tragedia y que tiene el gesto oportuno que sólo puede nacer de un corazón bueno. Y gente que a pesar de haber perdido una pierna de forma absurda e injusta...es agradecida y sonriente.
Ojalá esta clase haya servido un poquito para conservar las llamas buenas que siguen encendidas en el corazón de este bullicio alegre adolescéntico.
Despis dijo
En mi clase todos quieren ser médicos, xD
22 Septiembre 2006 | 11:29 AM