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La Coctelera

Profe de natu

8 Septiembre 2006

Lugares III

La lluvia cae mansamente sobre la capa del peregrino. El paseo por el bosque es agradable y voy adelantando a algunos de los peregrinos más madrugadores, les saludo educadamente.

Es difícil perder el camino, unas flechas amarillas te van avisando en cada momento de los desvíos. Como es difícil asumo el reto y... pierdo el camino (y no será la única vez). Me doy cuenta cuando llevo un buen rato subiendo por una carretera y no hay rastro de peregrinos ni por delante ni por detrás. Así que alcanzo pacientemente la cumbre del alto de Erro donde vuelve a unirse el sendero antiguo con la moderna carretera que me acompañó una media hora.

Deja de llover y veo a lo lejos a un peregrino joven de paso decidido, cuando llego a su altura le adelanto con el correspondiente saludo. He decidido ir solo; con intención de pensar con calma, pero eso no quita que haya dejado de ser un ser sociable y que renuncie a un rato de animada conversación y grata compañía. Así que cuando he avanzado unos metros una voz me pregunta "¿de dónde eres?". No hay que tener demasiadas luces para adivinar que el joven quiere conversación. Detengo mi ritmo y me pongo a su altura...

¡Error!

No quiere conversación, durante cerca de dos horas asisto a un insostenible monólogo interrumpido por dos o tres llamadas a su teléfono móvil.

-"Es el trabajo sabes...no sé vivir sin él, porque como ya te he dicho soy el responsable del departamento de blablablabla, eso sí mi partido de squash por la tarde es algo sagrado y blablablabla, vengo al camino a conocer gente..."

Y he tenido la suerte de ser "gente", lo peor es que tiene previsto alojarse en los mismos pueblos que figuran en mi hoja de ruta.

Hay que improvisar algo y rápido.

El paso por Zubiri, a 20 km de Roncesvalles me abre los ojos...

-"Mira tío, como el primer día no es bueno hacer demasiados km me voy a quedar aquí ¿vale?"
-"Dabuti, como veas tronco, yo pienso seguir porque creo que es mejor llegar a blablablabla..."

Cuando entro al albergue de Zubiri apenas son las 10 de la mañana. El panorama no es muy alentador, el pueblo no tiene gran cosa y el esfuerzo realizado tampoco ha sido tan grande.

Espero media hora y decido que puedo intentar llegar hasta Pamplona. Son unos 42 km de etapa, pero uno es montañero experimentado y tal y cual.

Así que me vuelvo a cargar la mochila, paso de puntillas por Larrasaona (o algo así) que es donde paraba mi inseparable compañero y atravieso el puente medieval que entra en Pamplona al filo de las tres de la tarde.

Los últimos 10 km han sido durillos bajo un sol de justicia y con la cantimplora vacía por ausencia de fuentes. Esta es la imagen que presentan los campos de cultivo navarros al comienzo de agosto. Son alpacas gordotas y redondas, muy distintas de los paquetillos cuadradotes castellanos. ¡Qué admiración más profunda siento ante el trabajo de estos agricultores!

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